1: La compra

 El beastman que mis padres me compraron nunca se preocupó por mi. Él era cariñoso sólo con mi hermana. Así que más tarde, traje a casa un beastman de placer, de baja calidad.

Él parecía presa del pánico, como si estuviera a punto de derrumbarse. "Sophia, soy el único a quien puedes poseer".

...

Estaba borracha, sentada afuera de un bar, fumando, tratando de aclarar mi cabeza. Un entrenador sospechoso rondaba cerca, luego se inclinó y bajó la voz.

-Señorita, parece estresada ¿necesita un desahogo? -murmuró- tengo algo que puede ayudarte a relajarte.

Ahuyenté el humo que se enroscaba alrededor de mi de manera densa -¿Qué?.

El domador miró nerviosamente a su alrededor, asegurándose de que nadie lo estuviera observando, luego señaló a un lugar cercano, cerca de unos contenedores de basura.

El beastman se acercó.

Era un beastman de raza perro-lobo, alto y de hombros anchos y de cintura delgada. De pie allí bloqueó las luces del bar, proyectando una sombra sobre mi.

Antes de que pudiera reaccionar, el domador agarró el tosco collar que tenia alrededor del cuello, tirándolo hacia abajo hasta quedar sobre una rodilla. Le retiró el bozal oxidado, le tiró del pelo de la nuca obligándolo a echar la cabeza hacia atrás dejando al descubierto su rostro completo. Piel pálida, nariz alta y recta, labios finos y apretados y una mirada perdida, casi feral.

Moretones de negros, azules y amarillos oscurecían la frente y la comisura de la boca. Sus ojos estrechos y salvajes se clavaron en mi.

El domador le dió una fuerte bofetada en la cara -¡Mire esa cara señorita! ¿No le parece perfecto para golpear?- Tragué saliva y mi corazón dió un vuelco. Aunque un poco zafio su aspecto era justo mi tipo. Además, el médico recomendaba un poco de desestrés ya que me encontraba en una etapa hormonal. Pero... yo ya tenía un beastman en casa.

¿Le importaría a Sebastian Grant?

Al ver mi vacilación el domador pateó a la criatura -¡Ponte de pie y muestra la mercancía a la dama!

Se levantó lentamente, mientras las cadenas crujían a su alrededor. Apenas pudo retirarse la camiseta negra con una mano, quedando al descubierto un torso pálido, marcado por finos músculos, sin que se notara apenas una capa delgada de piel sobre ellos. Su cuerpo estaba cubierto por sendos moretones y cicatrices. El guía rapidamente colocó el bozal y le dió unas palmaditas en los largos y pesados brazos.

-Señorita, mire su resistencia. Se recupera rápido. Dos mil por dos horas, simplemente desahoguese, sin degollar ni desangrarlo y él se recupera enseguida.

-¡¿Degollar?! -me quedé paralizada.

¿De verdad la gente disfruta de ese tipo de cosas ahora? Eso fué inquietante. No importa. El que está en casa de todas formas, no me deja tocarlo. Si éste es barato, puedo comprarlo y si cumple con las normas llevarlo de vuelta a casa.

Me sentí un poco mareada, tratando de no mostrar interés pregunté -Si lo compro directamente ¿Cuanto?

-Je, no es barato -dijo el traficante frotándose las manos de manera avariciosa- es nuestro mejor ejemplar.

-Di tu precio -contesté.

-Digamos... sesentamil.

Parpadeé sorprendida.

Me quedé paralizada, Mi propio perro beastman de alta gama, Sebastian, les había costado millones a mis padres. Y este... era sorprendentemente barato.

-¿Demasiado? -preguntó preocupado el hombre- Está bien, dejémoslo en cincuentamil.

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