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3: La rutina

Victor estaba en la cocina, sirviendo café mientras el aroma del grano recién molido llenaba la casa. La luz de la mañana se colaba por las ventanas, iluminando los contornos de Sophia, que se movía con calma por la sala, revisando documentos sobre la mesa. Cada gesto suyo parecía calculado, elegante, incluso cuando estaba distraída. —Te has levantado temprano —comentó Victor, llevando la taza hacia ella—. ¿No querías dormir un poco más? pensé que te dejaría cansada ––inquirió coqueto. Últimamente se sentía con la libertad de incluso ser un poco más expresivo o molestarla vagamente. Su relación pasaba de ser una de "dueña-mascota" a algo mucho mas cercano. Sophia no levantó la vista, pero un pequeño gesto en la comisura de sus labios delató que le agradaba su atención. —Tengo cosas que pensar —respondió, con la voz baja—. El centro… hay un caso que me preocupa. Victor se acercó y apoyó suavemente su mano sobre la de ella, sin presionar, solo marcando presencia. Su mirada ...

2: Lo que queda de un hombre bestia

Sebastián tardó tres intentos en entender dónde estaba. No porque el lugar fuera confuso, sino porque su mente se había vuelto lenta. No rota del todo, pero sí deshilachada, como una cuerda que alguien había estado desatando con paciencia. El centro de rehabilitación no se parecía a nada de lo que conocía. No olía a óxido, ni a sangre seca, ni a miedo concentrado. Tampoco a hogar. Era un olor neutro, casi ofensivo. Limpio sin ser acogedor. Como una mentira bien formulada. Estaba sentado en una camilla baja, con los pies desnudos tocando el suelo frío. Le habían quitado las esposas hacía horas, pero su cuerpo seguía manteniendo la misma rigidez, los hombros encorvados, la espalda preparada para un golpe que no llegaba. Tenía sed. No una sed dramática. No la urgencia desesperada que llevaba a suplicar. Era peor. Era una sequedad constante en la garganta, una molestia persistente que le recordaba, segundo tras segundo, que seguía vivo. Tragó saliva. Nada. Intentó hablar, pero solo salió u...

1: Centro de rehabilitación

Sophia siempre había creído que los edificios decían la verdad antes que las personas. El centro de rehabilitación no era feo. Eso ya era una anomalía. Las paredes blancas no estaban descascaradas, el suelo no olía a desinfectante barato ni a miedo viejo, y las rejas que separaban los distintos pabellones eran más simbólicas que funcionales. Había luz natural, plantas resistentes colocadas estratégicamente y cámaras visibles, no ocultas. Todo estaba diseñado para transmitir una idea muy concreta: aquí no se castigaba, se corregía. O, al menos, eso decía el folleto. Sophia caminaba por el pasillo principal con pasos medidos, acompañada por el director del centro y dos asistentes que no dejaban de asentir ante cada palabra que ella pronunciaba. Llevaba una carpeta delgada bajo el brazo. Demasiado delgada para la cantidad de dinero que representaba. —La tasa de reincorporación ha mejorado un doce por ciento desde el último trimestre —explicaba el director, sudando ligeramente—. Especi...

0: Un nuevo hogar

El mundo siempre había sido así. Al menos, eso era lo que repetían quienes se beneficiaban de él. Los hombres bestia nacían con un precio adherido al cuello. Algunos brillaban desde el principio: linajes limpios, cuerpos fuertes, obediencia pulida. Eran criados como símbolos de estatus, entrenados para agradar, para adornar salones y camas con la misma eficiencia elegante. Otros no tenían tanta suerte. Bestias de clase baja, decían. Útiles mientras resistieran. Prescindibles en cuanto dejaran de hacerlo. Victor había sido uno de ellos. Durante años, su vida fue una sucesión de jaulas, órdenes y sangre seca. Luchador cuando convenía. Desechable cuando estorbaba. Aprendió pronto que sobrevivir no era lo mismo que vivir, y que la lealtad, en ese mundo, era solo otra forma de encadenarse. Sophia apareció como aparecen las anomalías: sin anunciarse y rompiendo patrones. No lo compró buscando un espectáculo ni una mascota exótica. Leyó su informe médico sin desviar la mirada, pagó una suma a...

4: Veterinario

Después de salir del hotel, no fui directamente a casa. En lugar de eso, llevé a Victor a un centro médico para hombres bestia. El médico lo examinó y dijo que su cuerpo se curó notablemente rápido. Los moretones que cubrían su cuerpo no eran una preocupación. Su desnutrición, por otra parte, era grave, y necesitaría suplementos dietéticos especiales a largo plazo. Los suplementos solos ya costaban más de lo que había pagado por él. -No los necesito -dijo Victor, agarrando con fuerza el dorso de mi mano- puedo comer de todo. No gastes tu dinero en mi. No moriré. Para Sebastián no era nada, solo unos cuantos bocadillos cada mes. -Esta bien -dije acariciando su cabeza y entregándole un collar y un bozal recién seleccionados- ¿Te gustan? Un collar delgado de color negro y dorado, con un oral negro personalizado. Originalmente había planeado no dejar que Victor los usara, pero el médico insistió. "No te dejes engañar por la apariencia de un hombre bestia salvaje" advirtió. "...

6: Primera noche en casa

-¿Te quedas conmigo está noche? -Tomé la mano de Victor hacia el dormitorio- Te llevaré a comprar algo de ropa mañana. -¿No le importará? -lo miré de reojo. -¿Hmm? -Sebástian -Victor bajó la mirada y su expresión se tensó ligeramente- los hombres bestia somos extremadamente territoriales por naturaleza. -No lo hará -le aseguré- No le gusta dormir conmigo. La mano de Victor se apretó ligeramente alrededor de la mí, como si recordaste algo de pronto. -Entonces... ¿Todavía me necesitas esta noche? -¿Qué? - mi expresión de confusión pareció intimidarlo. Las puntas de sus orejas se tiñeron de un rojo tenue. -Para... Desahogarte. -Quiero -admití saboreando la idea- pero me duelen las piernas. -Tengon mucha resistencia -respondió orgulloso- Puedes simplemente recostarte, yo haré el resto. -Te lo agradecería -le sonreí. -Es un gusto, Sophia. Esa mañana, por casualidad, salí del dormitorio al mismo tiempo que Sebastian. Él me frunció el ceño. -¿Por qué estuviste hablando mientras dormías toda l...

1: La compra

 El beastman que mis padres me compraron nunca se preocupó por mi. Él era cariñoso sólo con mi hermana. Así que más tarde, traje a casa un beastman de placer, de baja calidad. Él parecía presa del pánico, como si estuviera a punto de derrumbarse. "Sophia, soy el único a quien puedes poseer". ... Estaba borracha, sentada afuera de un bar, fumando, tratando de aclarar mi cabeza. Un entrenador sospechoso rondaba cerca, luego se inclinó y bajó la voz. -Señorita, parece estresada ¿necesita un desahogo? -murmuró- tengo algo que puede ayudarte a relajarte. Ahuyenté el humo que se enroscaba alrededor de mi de manera densa -¿Qué?. El domador miró nerviosamente a su alrededor, asegurándose de que nadie lo estuviera observando, luego señaló a un lugar cercano, cerca de unos contenedores de basura. El beastman se acercó. Era un beastman de raza perro-lobo, alto y de hombros anchos y de cintura delgada. De pie allí bloqueó las luces del bar, proyectando una sombra sobre mi. Antes de que p...