6: Primera noche en casa

-¿Te quedas conmigo está noche? -Tomé la mano de Victor hacia el dormitorio- Te llevaré a comprar algo de ropa mañana.

-¿No le importará? -lo miré de reojo.

-¿Hmm?

-Sebástian -Victor bajó la mirada y su expresión se tensó ligeramente- los hombres bestia somos extremadamente territoriales por naturaleza.

-No lo hará -le aseguré- No le gusta dormir conmigo.

La mano de Victor se apretó ligeramente alrededor de la mí, como si recordaste algo de pronto.

-Entonces... ¿Todavía me necesitas esta noche?

-¿Qué? - mi expresión de confusión pareció intimidarlo. Las puntas de sus orejas se tiñeron de un rojo tenue.

-Para... Desahogarte.

-Quiero -admití saboreando la idea- pero me duelen las piernas.

-Tengon mucha resistencia -respondió orgulloso- Puedes simplemente recostarte, yo haré el resto.

-Te lo agradecería -le sonreí.

-Es un gusto, Sophia.

Esa mañana, por casualidad, salí del dormitorio al mismo tiempo que Sebastian.

Él me frunció el ceño.

-¿Por qué estuviste hablando mientras dormías toda la noche? -pregunto sin siquiera saludar- Murmuros y lloriqueos, era muy fuerte. ¿No te diste cuenta?

Solo sonreí disculpándome, no me había dado cuenta de lo ruidosa que podría llegar a ser.

-Lo siento, intentaré ser más silenciosa la próxima vez.

Su expresión se suavizó, igual que su voz aunque sonaba incómodo cuando volvió a hablar.

-¿Tuviste una pesadilla? Creo que te oí llorar...

No exactamente, pensé para mí con un recuerdo bastante agradable.

-Si tuvieras una pesadilla, podrías venir a mi... -interrumpió mi pensamiento. Antes de que pudiera completar la frase, Chloe lo llamó.

-Sebástian, no encuentro mis zapatillas.

-No andes descalza -se apresuró a responder y correr a su lado. Regreso al dormitorio de Chloe y la sacó.

-Idiota, estabas en el dormitorio, ¿Cómo acabaron las pantuflas en la sala? -le recriminó.

-Ayer tenías mucho sueño, así que te lleve de vuelta a la cama -se explicó la bestia de manera servil.

Sebastian sostuvo a Chloe mientras acomodaba sus pantuflas de conejito. La ayudo a sentarse y la sujetó suavemente de los tobillos. Pacientemente y con una delicadeza profesional le ayudó a ponérselas. Sólo después de eso, se dirigió al piso de arriba, hacia el baño.

Un hombre bestia de servicio perfecto. Simplemente... No es para mí. 

-Sophia, dejé mi ropa en mi cesto asignado, recuerda llevarla a lavandería... -dijo al pasar a mi lado, sus pasos se detuvieron de repente y giró a mi alrededor, instintivamente retrocedi quedando de frente a la puerta de mi propia habitación, con Sebastian cara a cara- ¿Qué es ese olor?.

-¿Cuál? -Frunci el ceño, hoy no había fumado.

Se acercó unos pasos más, agarrando mi cintura, enterrando su cara en el costado de mi cuello e inhalando profundamente. Me removi incómoda al contacto tan poco cotidiano. Cuanto más fuerte olía, más firmemente sus manos apretaban mi cintura.

-Sophia Quinn... -dijo al fin- ¿Por qué hueles como otro hombre bestia?

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